Historia
13 septiembre 2026
De la planta a la semilla, paso por paso
En Los Yungas, donde la neblina baja temprano sobre las montañas y la tierra todavía guarda el olor fresco de la lluvia, Franz Santos Apaza imagina un futuro distinto. Uno donde el café vuelva a crecer en las laderas que alguna vez cultivaron sus abuelos. Uno donde el trabajo del campo no dependa solamente de la coca, sino también de semillas nuevas, de aprendizaje y de esperanza.Franz, en su casa donde también tiene sus plantines de café, árboles cítricos y abejas, despierta cada mañana antes de que salga el sol. Prepara su desayuno y luego camina hacia su parcela. Ahí, con paciencia y esperanza, cuida las variedades de café que acaba de empezar a cultivar: Java, Geisha, Castillo, Pacamara y Catuaí. “Quiero avanzar un poco más, conocer del café, incentivarme más a aprender”, dice mientras observa los plantines que pronto llevará a su parcela para la siembra.Su historia no empieza con el café, pero tampoco está lejos de él. Antes de que la coca cubriera gran parte de las parcelas de Los Yungas, los abuelos de Franz cultivaban café mezclado con frutas. Con el tiempo llegaron las enfermedades, cayó el mercado y muchas familias optaron por reemplazarlo por coca. Así ocurrió también en su comunidad. “Mucho antes ahí era café”, recuerda señalando la parte alta de su parcela. “Después era coca. Y ahora otra vez vamos a cultivar café ahí”. El regreso no es casual. Franz forma parte del proyecto “Fortalecimiento de las economías locales y control de la expansión de cultivos excedentarios de coca a través del mejoramiento de la productividad y comercialización de café en sistemas agroforestales en Los Yungas”, una iniciativa financiada por la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA) y ejecutado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en Bolivia. Este proyecto está impulsando alternativas productivas sostenibles en la región.Desde noviembre del año pasado, él y decenas de productores comenzaron un proceso de formación que va de la semilla a la planta, paso por paso. Hoy, Franz está preparando el terreno donde sembrará sus primeros cafetales. Aprendió sobre enfermedades del café, manejo del suelo y fertilización orgánica. Habla con entusiasmo de los microorganismos del monte y de cómo el proyecto le enseñó a cuidar la tierra sin degradarla. “La tierra ya está desgastada y necesitamos muchos fertilizantes”, explica. “Ahora estamos aprendiendo cómo plantar café con abonos orgánicos y cuidar el medio ambiente”. Para él, el cambio no significa abandonar completamente la coca, sino diversificar la vida. Tener más posibilidades, más estabilidad y un mejor futuro. “A veces la coca no es segura”, cuenta. “El precio baja o sube, no es fijo y todo lo que invertimos queda en nada”.Por eso, mientras el café crece lentamente y con mucho cuidado, Franz también produce miel. Tiene abejas y habla de ellas con la misma dedicación con la que habla del campo. Entiende que cuidar a las abejas significa cuidar las flores, el monte y la naturaleza entera. “No solamente es criar a las abejas, es entender el ambiente”, comenta Franz. En Chimasi, muchos todavía observan estos proyectos con desconfianza. Algunos creen que detrás de la promoción del café existe la intención de erradicar la coca. Franz nunca lo vio así. Él tomó la decisión por voluntad propia y ahora incluso anima a otros productores a sumarse. Franz habla del café con mucha emoción y esperanza. Además de disfrutar del ambiente tranquilo del campo, el olor de la tierra mojada, la posibilidad de mirar el cielo y saber si lloverá o habrá sol, imagina un mejor futuro. Sueña con tener más cafetales; con que Chimasi vuelva a ser reconocida por su café e incluso, con que su producto llegue algún día a Corea. “Me gustaría que cuando una persona tome mi café sepa que es un producto de Bolivia, de Los Yungas”, dice orgulloso.En esas pequeñas plantas verdes que hoy apenas empiezan a crecer, Franz no solo está cultivando café. Está cultivando una nueva posibilidad para él y su comunidad; para una región que poco a poco vuelve a mirar hacia sus raíces cafetaleras.Un café —como él mismo lo llama— de corazón.