Historia
19 marzo 2026
Manuel: Trabajando en armonía con el bosque amazónico
Desde la infancia, Manuel Lima, de Pando, Bolivia, aprendió que el bosque amazónico es su hogar. En él encontró su identidad y su misión. “Para mí, el bosque significa vida, amor y paz espiritual”, dice, recordando cómo su rutina diaria estuvo marcada por la castaña amazónica y la agricultura familiar a pequeña escala que sostenía la alimentación de su comunidad.Al caminar por los senderos del bosque, Manuel descubre tanto la quietud como el dinamismo de un ecosistema en equilibrio. “Realizamos trabajos de conservación. Tenemos respeto por la naturaleza y por los bosques. Cuando vamos a recolectar, no los cortamos; no deforestamos”, afirma con firmeza, subrayando la importancia de mantener viva la Amazonía. Los frutos amazónicos siempre han sido la base de la mesa familiar. Sin embargo, Manuel reconoce que hoy representan mucho más: se han convertido en una oportunidad para el desarrollo económico y en una promesa para las futuras generaciones.“Los frutos amazónicos que antes eran solo para el consumo familiar ahora forman parte de una cadena de valor y del mercado”, explica con entusiasmo, consciente de que esta transformación abre nuevas posibilidades para las familias de la Amazonía boliviana.Equilibrando el crecimiento económico y la conservación de la naturalezaManuel es una de las más de 2.000 personas —más del 50 % mujeres y alrededor del 15 % jóvenes— cuyo respeto por la naturaleza y deseo de crecimiento económico se canalizan hacia un modelo de vida sostenible. Con el apoyo de un programa conjunto de las Naciones Unidas, esta forma de vida, con las comunidades en el centro de las decisiones, está comenzando a dar frutos.Con financiamiento del Fondo Conjunto para los ODS (Joint SDG Fund) y el apoyo del Hub de Coordinación de Sistemas Alimentarios de la ONU, el programa “Fortalecimiento de Sistemas Alimentarios Sostenibles en la Amazonía Boliviana para Vivir Bien y en Armonía con la Madre Tierra (AMAS-1)” refleja la importancia y el alcance del trabajo interagencial.El Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) supervisan las acciones en territorio bajo el liderazgo de la Coordinadora Residente de la ONU en Bolivia, Anna Pont, trabajando conjuntamente en los departamentos de Pando, La Paz y Beni.El programa implementa prácticas agrícolas sostenibles que mejoran la productividad al mismo tiempo que conservan la biodiversidad. También fortalece los sistemas alimentarios locales y promueve huertos familiares y escolares para mejorar el acceso a alimentos nutritivos.Como resultado de este trabajo interagencial, 110 familias adoptaron prácticas diversificadas y sostenibles de producción de alimentos a través de huertos familiares y comunitarios, de los cuales el 85 % están liderados por mujeres. Además, con el énfasis del programa en la participación juvenil, más de 570 adolescentes han sido capacitados en hidroponía y agricultura climáticamente inteligente.“Las comunidades locales están en el corazón de la Amazonía y también en el centro de nuestro apoyo”, afirma la Coordinadora Residente de la ONU en Bolivia, Anna Pont. “Este programa demuestra que el crecimiento económico y la conservación pueden ir de la mano”.Sin embargo, estos avances solo serán sostenibles si también son resilientes. Por ello, el PMA ha desarrollado un mecanismo de seguro contra lluvias extremas, con una cobertura potencial de hasta 1,2 millones de dólares.“Por encima de todo, el bosque representa un desafío de sostenibilidad para las nuevas generaciones, para garantizar una forma de vida”, afirma Manuel. Con inversiones en agricultura local y resiliencia climática, la ONU trabaja junto a los agricultores para enfrentar el desafío que Manuel identifica con tanta claridad. Sembrando nuevas oportunidadesPara ampliar estos logros, la OIT apoya la integración de pequeñas/os productores en las cadenas de valor internacionales existentes, especialmente en el caso de la castaña amazónica.Más de 40 familias ahora tienen acceso a nuevos mercados, logrando la primera exportación directa de asaí silvestre, lo que demuestra que comunidades remotas y vulnerables pueden cumplir con estándares internacionales de calidad.Para los agricultores rurales interesados en replicar estos avances, la OIT ofrece capacitación en emprendimiento, desarrollo empresarial y economía verde.A medida que más comunidades amplían sus horizontes, la OIT también contribuye a identificar sistemas de mercado y brechas de trabajo decente en las cadenas de producción de castaña amazónica y asaí.Ya sea en el ámbito ecológico o económico, las agencias de la ONU trabajan coordinadamente bajo la orientación de la Oficina de la Coordinadora Residente (OCR), que también supervisa alianzas estratégicas con el Gobierno, socios de cooperación internacional y empresas privadas.El programa ha logrado asegurar más de 280.000 dólares en inversiones provenientes de empresas privadas y agencias implementadoras.“Mi oficina también alinea el programa con las prioridades nacionales y los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, afirma Anna Pont. “En última instancia, buscamos fomentar un enfoque más cohesionado para transformar los sistemas alimentarios en la Amazonía boliviana”.Al tener una visión integral del bosque y de cada uno de sus árboles, el RCO asegura que los socios trabajen juntos para alcanzar los objetivos del programa y no dejar a nadie atrás. Cosechando un futuro mejorManuel mira hacia el futuro. Destaca la necesidad de aprovechar los subproductos de los frutos amazónicos para generar mayores ingresos y cerrar el ciclo productivo, fortaleciendo así la cadena de valor.Su voz es un llamado: preservar el bosque no es solo un deber, sino también la garantía de vida, alimento y esperanza.La familia de las Naciones Unidas busca fortalecer el respeto de Manuel por la Madre Tierra mediante el apoyo adecuado en políticas públicas, inversiones y alianzas.La agricultura resiliente al clima, el acceso a nuevas cadenas de valor y las alianzas estratégicas son ramas del mismo árbol, demostrando que el crecimiento económico y la sostenibilidad pueden complementarse, y no contradecirse. Una conclusión que promete cosechar ideas tan abundantes como la Amazonía.