El mundo empieza el nuevo año en una encrucijada.
Rodeado de caos e incertidumbre.
División, violencia, colapso climático y violaciones sistémicas del derecho internacional.
Un retroceso de los principios mismos que nos unen en la familia que es la humanidad.
Todo el mundo se pregunta: ¿será que nos escuchan los dirigentes? ¿Están preparados para actuar?
Al pasar página de un año turbulento, surge un dato que dice más que las palabras:
Se ha disparado el gasto militar mundial, aumentando casi un 10 %, por lo que ahora suma 2,7 billones de dólares.
Esa suma es trece veces superior a toda la ayuda para el desarrollo y equivale al producto interno bruto de África.
Mientras los conflictos alcanzan una magnitud inaudita desde la Segunda Guerra Mundial.
En este nuevo año, comprometámonos a cambiar las prioridades.
Para que el mundo sea más seguro, hay que empezar por invertir más en la lucha contra la pobreza y menos en las guerras. Tiene que prevalecer la paz.
Está claro que el mundo dispone de recursos para mejorar la vida de las personas, sanar el planeta y lograr un futuro de paz y justicia.
Pido a los dirigentes de todo el mundo que, en 2026, asuman su responsabilidad y, en lugar del dolor, elijan a las personas y al planeta.
E insto a quienes escuchen este mensaje: no se desentiendan.
Nuestro futuro depende de que actuemos colectivamente con valentía.
Este nuevo año, aunemos fuerzas:
Por la justicia, por la humanidad y por la paz.