Un investigador basado en la naturaleza entre café, castaña y bosque
Benedicto Sandoval convirtió su finca en un espacio para experimentar cómo el café, la castaña y otras especies pueden convivir en un mismo sistema productivo.
En Londres 2, Pando, Benedicto Sandoval Vargas observa, prueba, adapta y comparte lo que aprende del bosque, entre sus ensayos está el cultivo de café robusta bajo sombra y su convivencia con castaña y otras especies; parte de ese café ya viaja hasta Cochabamba, mientras su familia piensa en nuevos mercados y en las oportunidades que la finca puede dejar a la siguiente generación.
Antes de llegar a la casa, el café ya anuncia la finca, el aroma sale de los espacios donde la familia seca los granos y se mezcla con la humedad del bosque; alrededor aparecen cítricos y otros cultivos, mientras más adentro las plantas de café crecen bajo sombra, entre castaños y otros árboles.
Benedicto nació en Cochabamba, trabajó durante años en la Cervecería Taquiña y terminó enamorándose de Pando, su llegada a Londres 2 trabajó para transformar poco a poco su finca en un espacio de observación y experimentación, donde cada cultivo ofrece una nueva pregunta y cada resultado sirve para ajustar el siguiente intento.
Sin proponérselo, se ha convertido en un investigador de campo de las soluciones basadas en la naturaleza, a lo largo de años de observación, experimentación y convivencia cotidiana con el bosque, ha construido un conocimiento profundo sobre cómo los ecosistemas sostienen la vida, generan oportunidades productivas y responden a las presiones ambientales, este aprendizaje no proviene exclusivamente de laboratorios o aulas, sino de una relación constante con el territorio, donde cada especie observada, cada época de floración y cada cambio en el paisaje se convierten en evidencia para comprender y promover alternativas que conservan la biodiversidad mientras fortalecen los medios de vida de las comunidades.
El café robusta es uno de sus mejores ejemplos, para él explica: «El café es de bosque, veo que esta variedad robusta va a la sombra, no a pleno sol; es una producción pequeña, pero hermosa».
Su aporte no está en afirmar que descubrió una nueva forma de cultivar café, sino en poner a prueba conocimientos bajo las condiciones concretas de la Amazonía pandina, observar cómo responden las especies y construir experiencia práctica a partir de esos resultados. En su finca prueba también la convivencia entre café, castaña y otros componentes de un sistema agroforestal, buscando que la producción aproveche distintos espacios sin reducir el terreno a un solo cultivo.
Ese conocimiento no queda encerrado en su parcela, ya que comenta que: «Siempre el sistema agroforestal es muy hermoso, muy elegante, a mí me gusta. Cuando voy a otro lado, yo algo copio […] hay que compartir conocimiento, compartir cómo hacer las cosas».
Observar, adaptar y compartir forman parte de su manera de aprender, y la finca funciona tanto como espacio de prueba como de intercambio con otros productores.
Es sobre una experiencia que ya estaba caminando que interviene el proyecto Bosques Sostenibles, implementado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con apoyo de la Plataforma Ambiental de la Unión Europea y Suecia, fortaleciendo sistemas agroforestales, la producción de plantines y la asistencia técnica. Una de sus apuestas es la remultiplicación de la castaña, una especie clave para la economía amazónica y para las familias que dependen del bosque.
En la finca de Benedicto, el café es quizá la expresión más visible de ese trabajo, pero detrás de cada planta aparecen otros componentes del sistema agroforestal: castaña, especies forestales y cultivos que conviven en un mismo espacio. Esa diversidad contribuye a los ingresos familiares y también al fortalecimiento de los sistemas agroalimentarios que impulsa el proyecto Amazonía Resiliente para Sistemas Alimentarios Sostenibles (AMAS1).
Conocimiento que queda en la comunidad
Marlene Soria, técnica de FAO en Pando, explica que en la comunidad Londres 2 se trabaja con sistemas que combinan cacao y café con castaña y especies forestales como mara y cedro. Durante la gestión anterior se establecieron aproximadamente 16.000 plantines y para 2026 se trabaja con alrededor de 20.000, incorporando con mayor fuerza café y castaña.
Para Soria, sin embargo, el resultado más importante no está solamente en el número de plantas, sino en el conocimiento que permanece en las familias.
«Ellos van a producir los plantines en los viveros. Lo que queremos es que la capacidad técnica quede instalada en las comunidades, para que puedan hacer todo el proceso, desde la producción de plantines, el establecimiento y posteriormente las otras actividades».
En Benedicto, ese acompañamiento técnico encuentra terreno fértil en una curiosidad que también mira hacia el largo plazo. La castaña ocupa un lugar especial en esa visión, porque algunos de los árboles que planta hoy alcanzarán su mayor potencial cuando otra generación continúe trabajando la finca.
«Yo quiero esto para las futuras generaciones. La castaña es parte de la economía sostenible de nuestro departamento […] yo no voy a poder ver todo, seguro que no; entonces los hijos, la comunidad, van a seguir. Continúa la vida. Estoy contento».
Su razonamiento es sencillo: si la castaña forma parte de la economía de Pando y puede seguir generando ingresos durante años, vale la pena seguir plantando.
Una finca que también tiene nombres
Matilde Peredo Andia, esposa y compañera de producción de Benedicto, cuenta el mismo lugar desde otra perspectiva. En su relato aparecen los alimentos para la familia, la sombra y la frescura del bosque, pero también rincones que con el paso de los años adquirieron nombres propios; uno de ellos es “el Cepepe”.
El detalle dice mucho de la relación familiar con el lugar. No se trata solamente de hectáreas o parcelas productivas, sino de espacios recorridos, reconocidos y hechos propios.
«Aquí el café está bajo monte, es más lindo, se siente más fresco […] aquí no hay contaminación […] para mí es como un paraíso, te puedo decir».
La mirada de Matilde muestra otra dimensión de esa diversidad. Lo que se produce también se convierte en alimentos para el hogar; frutas, cultivos y productos obtenidos en la finca forman parte de la alimentación cotidiana de la familia, demostrando cómo producción, bosque y bienestar pueden coexistir en un mismo territorio.
Del experimento al mercado
Benedicto quiere que fuera de Pando se conozca que en la Amazonía boliviana también se produce café. Ese impulso ya comenzó a recorrer kilómetros, porque parte de la producción familiar sale de Londres 2 rumbo a Cochabamba, donde uno de sus hijos la recibe y procesa.
El recorrido tiene algo de regreso: Benedicto salió de Cochabamba, encontró en Pando una tierra de la que terminó enamorándose y hoy envía hacia su departamento de origen un café producido bajo condiciones amazónicas.
La siguiente generación quiere llevar ese camino todavía más lejos. Cecilia Sandoval Peredo, de 24 años, se ha formado en el área comercial y empieza a aplicar esa mirada al trabajo de sus padres, pensando en una marca propia y en mercados que reconozcan el origen de lo que producen.
«Una de las metas es poder hacer una marca, como con el café, y tratar de llevar todo lo que se produce a mercados, no solamente al mercado de acá. Lamentablemente aquí no hay mucho mercado; para el café que se produce, muchas veces la gente prefiere comprar un café de otro país. Mi mentalidad es poder llevar a otros lugares el café, y también productos como el chocolate».
En Londres 2 el futuro toma varias formas. Benedicto observa y experimenta; Matilde encuentra en la finca alimentos, sombra y hogar; Cecilia piensa en marcas y nuevos mercados. Mientras tanto, la remultiplicación de castaña impulsada por Bosques Sostenibles, junto con el fortalecimiento de sistemas agroalimentarios promovido por AMAS, ayudan a que el conocimiento, la producción y las oportunidades permanezcan en la comunidad.
Y el café ya comenzó a recorrer ese camino. Desde una finca amazónica viaja hasta Cochabamba llevando algo más que un producto: años de observación, curiosidad y aprendizaje acumulados entre café, castaña y bosque.